Turquía: crisis política y movimiento democrático

El movimiento democrático de masas en Turquía tras la detención de Ekrem Imamoğlu, alcalde de Estambul y candidato del partido de centro-izquierda CHP (Partido de la República y del Pueblo) es un acontecimiento social y político de primer orden a las puertas de la Unión Europea (UE). Se han celebrado [y siguen celebrando] concentraciones y manifestaciones en todo el país, con una gran participación, especialmente en la plaza Saraçhane de Estambul, frente al ayuntamiento.

El endurecimiento del régimen erdoganista, que cruzó una línea roja sin precedentes con esta detención, se une a las noticias de los últimos meses sobre un proceso de paz iniciado con el movimiento nacional kurdo de Turquía, en particular con la organización político-militar central de este movimiento: el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán). El objetivo es comprender este contexto, con sus dos dinámicas aparentemente contradictorias, para captar el potencial y los escollos de este movimiento en curso, cuyas consecuencias sería muy arriesgado predecir en el momento de escribir estas líneas.

De unas elecciones a otras

Es importante recordar un hecho fundamental: las elecciones en Turquía han sido hasta ahora muy competitivas y objeto de una implicación cívica muy fuerte por parte de una sociedad muy politizada. Ya me he referido a una “cultura democrática mínima pero sólida” en la población turca. Es cierto que ello no impidió que la mayoría de la población permaneciera generalmente pasiva ante las condiciones profundamente desiguales de las elecciones, no sólo en términos socioeconómicos, como en cualquier democracia liberal, sino sobre todo en términos de represión directa e indirecta de las fuerzas de oposición, tanto más si se trataba de la minoría kurda que sufre la opresión colonial.

Así, esta población ha aceptado (sin aprobarlo necesariamente, pero permitiéndolo) que los resultados de las dos últimas elecciones locales en las localidades kurdas fueran, en su mayoría, anuladas y que, en una lógica puramente colonial, los alcaldes elegidos regularmente fueran encarcelados y sustituidos por administradores nombrados por el gobierno. Pero esta cultura también significa que se da una importancia crucial a las elecciones como juez de paz para determinar la dirección del Estado, y que se invierte mucho en estas cuestiones. Prueba de ello es que la participación electoral nunca ha bajado del 76% (cifra no sujeta a fraude, ya que la movilización de los votantes es sistemáticamente observable) y supera regularmente el 85% desde hace 45 años.

Tras el estrepitoso fracaso de las elecciones legislativas de 2023, que supusieron la reelección de Recep Tayyip Erdoğan y de una mayoría debilitada pero reconstituida, el CHP [Partido Republicano del Pueblo, kemalista] decidió celebrar un congreso… con Kemal Kiliçdaroğlu a la cabeza que, fiel a la tradición de los dirigentes de su partido de no aceptar ningún fracaso, se dispuso a ser reelegido presidente del partido. Sin embargo, el shock del fracaso y la calamitosa gestión del periodo entre las elecciones generales y el congreso (1) le hicieron perder gran parte de su credibilidad política. El resultado fue un electroshock sin precedentes en el seno del CHP con la formación de una oposición de renovadores, agrupados en torno al alcalde de Estambul elegido en 2019, Ekrem Imamoğlu, y su aliado, el presidente del grupo parlamentario, Özgür Özel.

En noviembre de 2023, por primera vez en el siglo de existencia del partido, un presidente del CHP en funciones fue derrotado en un congreso y el l partido pasó a ser dirigido por el binomio formado por Özel, como presidente, e Imamoglu, la principal figura pública. ¿Qué cambios introdujo esta nueva dirección de renovadores que, sin embargo, proceden del aparato? Básicamente, dos. Por un lado, una mayor profesionalidad en la dirección del partido y un control más estricto de un engorroso aparato con 1,5 millones de personas afiliadas. Por otro, una apertura más explícita hacia los kurdos de Turquía. La nueva dirección se negó a condenar al ostracismo al DEM (Partido Popular de la Igualdad y la Democracia, surgido del movimiento nacional kurdo y de los demócratas), e Imamoglu consideró, por ejemplo, durante un debate público, que sería una locura considerar terrorista a un partido con cinco millones de votos (2).

Con este equipo renovado, el CHP se presentó a las elecciones municipales de 2024, que Erdoğan se había comprometido a ganar la misma noche de su reelección, con el objetivo concreto de recuperar Estambul. Los analistas de la oposición no depositaban muchas esperanzas en estas elecciones, ya que su principal preocupación era conservar los avances logrados en 2019. La sorpresa fue la contraria a la de 2023: una gran bofetada al régimen y un éxito rotundo del CHP, que salió simbólicamente vencedor.

Por su parte, Imamoğlu se impuso fácilmente a su oponente del AKP [partido de Erdogan] y obtuvo una amplia mayoría en el consejo municipal (de la que no había disfrutado anteriormente). La dinámica del aparato del CHP se combinó con el fin de las medidas anticíclicas del régimen en favor de una política de austeridad clásica y, en cierta medida, con la revelación de la hipocresía del régimen en la cuestión palestina, con círculos empresariales próximos al gobierno que comercian con Israel (e incluso con su Ejército).

Así pues, la situación parece haberse aclarado en el último año: el CHP es la principal fuerza política del país, y con Imamoğlu tiene un candidato popular capaz de derrotar a Erdogan. Esto supone un inmenso peligro para un régimen cuyos dirigentes obtienen considerables beneficios personales de su dominio del poder político.

¿Un proceso de paz?

Este es el trasfondo del proceso de paz. Adoptó una forma inesperada: fue Devlet Bahçeli, el antiguo líder del ultranacionalista MHP [Partido de Acción Nacionalista], aliado de Erdogan, quien presentó la propuesta de un proceso para el desarme y la disolución del PKK a cambio de una amnistía que incluyera al líder histórico, fundador y figura emblemática, Abdullah Öcalan, recluido en la prisión insular de Imrali desde hace 26 años.

De ese modo, comenzó un proceso de intercambios y negociaciones que incluyó reuniones entre funcionarios del gobierno y una delegación de diputados del Partido DEM, que actuaron como intermediarios con Imrali y el monte Qandil, en el Kurdistán iraquí, donde tiene su base la dirección del PKK. Todo ello desembocó en la histórica declaración de Öcalan, del 27 de febrero de 2025, en la que pedía al PKK que depusiera las armas y se disolviera.

Tres semanas después, el régimen de Erdogan decidió cruzar una línea que nunca antes había cruzado: impedir que un opositor se presentara a las elecciones presidenciales. El primer paso fue anular el diploma [universitario] de Imamoğlu, décadas después de haberlo obtenido, a pesar de que, según la Constitución turca, un diploma de educación superior es un requisito previo para presentarse a las elecciones presidenciales.

A esta decisión siguió inmediatamente la detención de Imamoğlu y de gran parte de su personal, acusados de corrupción y apoyo al terrorismo (acusaciones clásicas del régimen contra sus opositores). El calendario de esta operación no es casual: escaldado por la catastrófica secuencia de elección de candidatos presidenciales en las elecciones de 2023, el CHP celebraba el domingo 23 de marzo sus primarias para designar a su candidato para la próxima votación, con Ekrem Imamoğlu como único candidato.

¿Cómo entender la concomitancia entre este proceso de paz y la ofensiva autoritaria dirigida contra un partido turco de centro-izquierda? Es posible formular una hipótesis y una observación sobre la realidad de este proceso de paz.

La hipótesis sería que, ante el riesgo mayor que nunca de perder el poder a manos del CHP, el régimen decidió criminalizar a este último, contando con las divisiones que surgirían en sus filas como consecuencia de ello. Sin embargo, dada la envergadura de la operación (el CHP es el partido gobernante en las ciudades más grandes del país), la otra gran cuestión -la cuestión kurda- podría tratarse por separado con la esperanza de que el movimiento nacional kurdo se mantuviera neutral ante la criminalización del CHP y diera prioridad al proceso de paz. Sin embargo, suponiendo que ésta fuera efectivamente la maniobra a gran escala iniciada por el régimen, estaba destinada a tropezar con varios obstáculos importantes, el primero de los cuales era la propia situación del proceso de paz.

La espectacular declaración de Öcalan fue ampliamente difundida por la prensa internacional, pero se omitió un detalle: tras leer el texto de Öcalan en una conferencia de prensa, la delegación de diputados del DEM añadió oralmente lo siguiente: “Abdullah Öcalan nos dijo entonces: ‘Sin duda, el desarme y la autodisolución del PKK requerirán en la práctica el reconocimiento de una política civil y de una dimensión jurídica’”. Esta nota a pie de página, considerada como parte de la declaración de Öcalan por todo el movimiento nacional kurdo, cambia evidentemente la situación, puesto que ya no se trata de una autodisolución unilateral, sino de una opción condicionada a contrapartidas, a saber, garantías democráticas tangibles.

Y ahí está el problema: no ha habido absolutamente ningún gesto político positivo hacia los kurdos desde el inicio de este proceso. Ni una sola localidad kurda tutelada ha recuperado a su alcalde legítimo, ni un solo alcalde encarcelado durante las dos últimas legislaturas, ni un solo dirigente político del DEM (y de su predecesor el HDP, Partido Democrático de los Pueblos) ha sido liberado… Cuando Imamoğlu fue detenido, había ciertamente un proceso de paz en marcha, pero sin el menor avance concreto por parte del gobierno turco.

Esto hace que la declaración de Devlet Bahçeli del 21 de marzo, en la que el líder ultranacionalista propone que se celebre un congreso de autodisolución del PKK el 5 de mayo en territorio del Estado turco, en Malazgirt, con la ayuda logística del alcalde del DEM, ¡sea aún más asombrosa! Es difícil imaginar al Estado Mayor del PKK viniendo del monte Qandil en poco más de un mes, sin la menor garantía de ningún tipo (política o de otro tipo), deponiendo las armas y marchándose con las manos en los bolsillos… Tanto más cuanto que la otra parte de la declaración de Bahçeli es un ataque muy violento contra el CHP (de quien el MHP era aliado hace diez años… antes de aliarse con el AKP), criminalizando a este partido turco de centro-izquierda con una formulación que apenas sugiere la posibilidad de un cambio democrático.

Sin embargo, los dirigentes kurdos (ya sean políticos civiles del DEM, del aparato político-militar del PKK o del tejido asociativo kurdo) son muy conscientes de que esta falta de democratización hace más que precario cualquier proceso de paz. No pueden dejar de recordar que, en 2015, el anterior proceso de paz fue arrojado por la ventana por Erdogan, que incluso negó su existencia después. Básicamente, la legítima desconfianza de los líderes del DEM fue resumida por su copresidenta, Tülay Hatimogullari: “¿Quién dice que mañana no seremos procesados por nuestras reuniones con Öcalan como parte de la delegación del proceso de paz?”.

El fracaso de Erdogan

En consecuencia, desde el comienzo de esta crisis, el DEM ha mantenido una posición de principio en defensa del proceso de paz y en defensa de los derechos democráticos en general, lejos de las acusaciones estereotipadas e infundadas formuladas por los círculos nacionalistas de la oposición en las que se habla de dar carta blanca a Erdogan a cambio de la paz. La dirección del DEM apoyó a Imamoğlu cuando se anuló su título y fue posteriormente detenido, y también fue a reunirse con la dirección del CHP en el ayuntamiento de Estambul, que se ha convertido en un punto de encuentro para la oposición. La sección local del partido en Estambul convocó a una marcha a la plaza Saraçhane, sede del ayuntamiento de Estambul, donde se han celebrado grandes concentraciones desde la detención de Imamoglu.

Aún más simbólicas fueron las festividades del Newroz, fiesta tradicional celebrada por los kurdos y cita anual del movimiento nacional kurdo para realizar mítines multitudinarios. Las celebraciones del Newroz en Amed/Diyarbakir se consideran un momento político muy importante. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, no hubo ningún nuevo mensaje de Öcalan leído desde la tribuna, ya que se impidió a la delegación del DEM reunirse con él, lo que constituye un obstáculo definitivo al proceso de paz.

Se esperaba con impaciencia el discurso de Tuncer Bakırhan, copresidente de DEM, que apuntó contra el régimen: “Lo que se está haciendo con la oposición es contrario al espíritu de la declaración del 27 de febrero (de Abdullah Öcalan) y es inaceptable”, tras denunciar explícitamente el encarcelamiento de Imamoğlu. Todo esto coincide con la posición del DEM desde el principio, pero es probable que el régimen esperara una declaración más neutral.

Así pues, la maniobra divisoria del régimen parece haber fracasado ya, en gran medida gracias a la lucidez de los dirigentes del DEM. No obstante, cabe señalar que los dirigentes del CHP también intentaron estar a la altura de las circunstancias, no dejando en el vacío la mano tendida de los dirigentes del DEM. Özgür Özel también envió una declaración al Newroz (una primicia para un presidente del CHP): “(…) Estas son tierras ancestrales donde conviven en hermandad diferentes culturas, lenguas y creencias, donde florecen la solidaridad y la esperanza. Ningún tirano, ningún Dehak [tirano malvado de la mitología kurda] podrá romper nuestra hermandad”, concluyendo su texto con la frase tradicional kurda “¡Newroz piroz be!”.

A continuación, saludó a un gran número de presos políticos, entre ellos antiguos dirigentes del HDP (predecesor del DEM). Del mismo modo, en una declaración escrita durante su detención y publicada en las redes sociales, Ekrem Imamoğlu declaró: “Mientras los kurdos digan que hay un problema, entonces hay un problema kurdo”.

La juventud movilizada y el CHP

Del mismo modo, desde el inicio del movimiento, el CHP ha tratado de establecer un vínculo con la sociedad movilizada, a diferencia de lo que ocurrió durante el último movimiento democrático de masas que vivió Turquía en 2013 (el llamado movimiento Gezi). Además de mostrarse abierto hacia el pueblo kurdo, su dirección ha reconocido formalmente la importancia de los estudiantes en esta movilización, ofreciéndoles una plataforma en la plaza Saraçhane.

De hecho, la juventud estudiantil es la vanguardia del movimiento y así lo reconocen todas las fuerzas implicadas, ya sea el CHP o personalidades, artistas, deportistas, famosos de los medios de comunicación, que se refieren a la importancia de la juventud del país en sus declaraciones de apoyo indirecto o explícito al movimiento. Pero esto también es reconocido por el régimen, ya que la represión se dirige principalmente contra ella. Por ejemplo, mientras se escriben estas líneas, Selinay Uzuntel, el dirigente estudiantil que habló en la plaza Saraçhane en nombre de las y los estudiantes en lucha (y que también es miembro del EMEP, el Partido Obrero Marxista-Leninista de tendencia hoxhista) acaba de ser detenido, junto con otros dirigentes estudiantiles.

En Turquía hay siete millones de estudiantes, lo que representa el 8,2% de la población total (4,4% hay en Francia). Estos jóvenes sólo han conocido el AKP en el poder, en su versión corrupta y nepotista. Estudian, pero en la mayoría de los casos no tienen ninguna esperanza de encontrar trabajo. Frente a la arbitrariedad del poder, a la gran mayoría le gustaría vivir en el extranjero si pudiera. Cada día ven la enorme distancia que separa las virtudes ensalzadas por el régimen y el cinismo ostentoso y arrogante de quienes se benefician de él.

Algunas y algunos tienen recuerdos de los grandes hermanos y hermanas que hicieron Gezi, enfrentados a unas autoridades arbitrarias e intrusivas… Hace 12 años, un joven camarada me dijo durante el movimiento de Gezi: “Ser joven en Turquía significa ser insultado en la televisión a la noche y a la mañana por Erdogan”. Esta impactante frase es sin duda aún más cierta hoy, cuando el régimen pierde legitimidad día a día.

Este papel de vanguardia de la movilización estudiantil va de la mano de un deseo de autonomía. Por ejemplo, el lunes 24 de marzo, por primera vez en Estambul, hubo una manifestación separada convocada por estudiantes de Besiktas, en lugar de Saraçhane. Antes, ese mismo día, se lanzaron boicots académicos (el equivalente a huelgas estudiantiles) en muchas universidades.

Volviendo al CHP, éste celebró con éxito sus primarias, pero las abrió a toda la ciudadanía, que pudo participar en votaciones solidarias. El domingo por la noche, la dirección del CHP anunció la colosal cifra de 15 millones de personas que habían acudido a votar (el voto no era electrónico) en unas primarias que se habían convertido en un plebiscito. Es imposible confirmar esta cifra, ya que se trataba de un ejercicio y ningún medio de comunicación con recursos suficientes fue autorizado por el régimen a cubrir el acontecimiento.

No obstante, la cobertura de la prensa local indica que la participación fue alta. Aunque la debilidad del movimiento obrero, las dificultades del nivel de vida y los obstáculos a la organización hacen que un movimiento huelguístico masivo parezca inalcanzable, el CHP ha llamado a boicotear a determinados grupos económicos y a ciertos medios de comunicación. Desde el comienzo del movimiento, el régimen ha gastado el 11% de sus reservas de divisas (20.000 millones de dólares) para evitar un hundimiento de la lira turca, mientras que la bolsa de Estambul se ha recuperado tras un desplome inicial.

Las asambleas de Saraçhane son colosales, pero ¿podrán continuar a este ritmo si no se producen avances? En Estambul ya se han creado asambleas de barrio, aunque sólo sea porque Saraçhane está muy lejos de una gran metrópoli para millones de habitantes. Por el momento es imposible predecir el resultado del movimiento actual, pero sí es posible abordar ciertas contradicciones en su seno.

¿Kemalismo contra kemalismo?

Sin embargo, de esta polifonía que proclama su aspiración a la unidad del pueblo más allá de sus divisiones tradicionales y sus relaciones opresivas, surge una disonancia que no tapa los demás sonidos pero que tampoco puede ignorarse: la del supremacismo turco. Aunque hay otros solistas ultranacionalistas en oposición a Erdogan (los líderes de Iyi, el Partido Bueno, o los neofascistas de ZP, el Partido de la Victoria), el sonido más estridente lo produce el alcalde del CHP de Ankara, Mansur Yavaş.

Antiguo líder ultranacionalista que se pasó al CHP, ganó la alcaldía de Ankara en 2019, al mismo tiempo que Imamoğlu ganaba en Estambul, y luego confirmó su victoria aplastando a su oponente del AKP en 2024. Hablando en Saraçhane, denunció un “doble rasero” contra los manifestantes en Estambul, mientras “un partido del este del país” organiza mítines (el Newroz) en los que se agita un “trapo” (banderas kurdas y del PKK) y se ofrece a los jóvenes caramelos de azúcar (en referencia a un vídeo muy difundido de un policía repartiendo caramelos a los niños de una localidad kurda con motivo del Newroz), cuando “aquí” (en Estambul o Ankara, pero haciendo referencia a las y los turcos) “se apalea a las y los jóvenes”.

Este burdo discurso equipara un microevento con décadas de opresión colonial e invierte los papeles históricos. Impasible ante cualquier perspectiva de paz, quiere mantener el statu quo supremacista, es decir, la democracia sólo para la población turca y, en última instancia, ninguna democracia para los demás. Este no es el discurso de la dirección del movimiento, sobre todo porque Yavaş, como tránsfuga de otro partido, nunca ha tenido relevos poderosos en el CHP (que fue capaz de mantener este tipo de discurso en sus peores periodos derechistas), pero existe.

Detrás de Yavaş está la oposición nacionalista de los pequeños partidos antes mencionados, pero también algunos otros alcaldes, como Tanju Özcan en Bolu, o Burcu Köksal en Afyonkarahisar y cuadros del CHP. No sólo representan un riesgo de desviación para el movimiento, sino que también lo debilitan. Fue a causa del discurso de Yavaş que la declaración de Özgür Özel fue abucheada cuando se leyó en el Newroz de Estambul. Como político astuto, Erdogan no dejó de denunciar las declaraciones de Yavaş para presentar el movimiento actual como el de los enemigos de la paz y partidarios del statu quo (3).

Cualquier observador del movimiento actual notará los retratos de Mustafá Kemal acompañados de banderas turcas que abundan en mítines y manifestaciones. Lo mismo ocurrió con el movimiento Gezi en 2013. Incluso entre la juventud, algunos estudiantes y muchos de sus partidarios justifican la movilización con la figura de Mustafa “Kemal” Atatürk, con numerosos extractos de su “Discurso a la Juventud”, o la fórmula de su “Gran Discurso” confiando la República a la juventud, o la fórmula más genérica “la soberanía pertenece incondicional e irrestrictamente a la nación” (por oposición a un solo individuo, Erdogan).

El uso de la figura tutelar del fundador de la República de Turquía legitima un discurso de oposición, situándolo en una continuidad patriótica al tiempo que lo moviliza para otra cosa. Lo que se mantiene es lo que puede vincularse a la soberanía colectiva, por un lado, y, por otro, a la misión histórica de la juventud turca, validando así el discurso que transmiten concretamente esta juventud hoy. Así, al igual que durante el movimiento Gezi, pero de forma aún más explícita puesto que se trataba de oponerse a una operación que cuestionaba explícitamente un proceso electoral (cuya importancia ya hemos mencionado en Turquía), Mustafa “Kemal” Atatürk se movilizó por una aspiración democrática (4).

En el fondo, se trata de una forma de discurso performativo en relación con el pasado: si Mustafá Kemal confía la República a la juventud, es porque esta República y el gesto de la guerra de liberación llevan en sí mismos nuestra aspiración democrática. Özgür Özel no es diferente cuando proclama: “Estas tierras son tierras antiguas donde conviven en hermandad diferentes culturas, lenguas y creencias”, cuando estas tierras han visto el genocidio armenio, la ley del impuesto sobre el patrimonio (5), incluso antes de la opresión colonial del pueblo kurdo. Pero como el objetivo declarado ahora es una República inclusiva, conviene reinventar un pasado que le corresponda y una lealtad al kemalismo que valide las aspiraciones políticas del momento.

Frente a ello, Mansur Yavaş miente sobre las relaciones sociales actuales al presentar a la población kurda como privilegiados frente a la población turca oprimida en su propio país. Pero es fiel al contenido práctico del verdadero kemalismo, producto de una guerra de liberación nacional, que fue heroica mientras se negaba a reconocer la pluralidad nacional de Turquía, olvidaba las promesas hechas en ese sentido, reprimía las revueltas kurdas y acababa rápidamente con cualquier forma de pluralismo político controlado.

Sin embargo, no cabe duda que para las organizaciones de izquierda radical implicadas en la movilización –y algunas de ellas están desempeñando un papel catalizador entre las y los jóvenes, como el TIP (Partido de los Trabajadores de Turquía, que tiene cuatro escaños, con un diputado en la cárcel)– la prioridad no es dar una lección de historia, sino impulsar el movimiento en términos concretos, ya que “cualquier paso adelante del movimiento real vale más que una docena de programas” (como podría haber dicho Marx), o una docena de lecciones de historia.

La función de la mentira democrática de masas del movimiento es abrir el camino a la confrontación con la verdad histórica para profundizar en la democracia y, en una estrategia de lucha de clases, arrebatar a la burguesía las armas de la división. Pero aún estamos muy lejos de ello. Hoy, cada paso dado por un estudiante que se manifiesta por el respeto de la democracia en el bastión conservador de Konya es más precioso que estas consideraciones. Nuestro apoyo no debe faltarles.

Notas:

(1) Declaró, por ejemplo, que había concluido un acuerdo secreto con el ultranacionalista Ümit Özdag del ZP (Partido de la Victoria), cuyo candidato había quedado tercero en la primera vuelta con un 5%, que, yendo más allá de su acuerdo oficial, hacía inmensas concesiones a este partido. Este acuerdo se concluyó sin el conocimiento del personal del propio partido, a pesar de que el ZP es profundamente hostil al pueblo kurdo, que había votado mayoritariamente a Kemal Kiliçdaroğlu. Consiguió así la hazaña de cosechar tanto deshonor como derrota.

(2) Kemal Kiliçdaroglu había dado algunos tímidos pasos en esta dirección antes de decidir traicionar a los kurdos entre las dos rondas de votaciones. Hay que recordar que el CHP ha recorrido un largo camino en este ámbito desde que, bajo la siniestra dirección de Deniz Baykal, entre 1995 y 2010, su discurso difería poco del de los ultranacionalistas del MHP.

(3) También acusó a las y los manifestantes de saquear una mezquita y beber alcohol allí, repitiendo una calumnia clásica propagada por el régimen desde 2013.

(4) En cierto modo, hay aquí una similitud con las y los estudiantes de los años sesenta que comenzaron su viaje político con el kemalismo, insistiendo en la profundización de la independencia, luego cavaron el surco del antiimperialismo y navegaron hasta las orillas del marxismo (o más bien de varias obediencias marxistas).

(5) Disposición discriminatoria de 1942 contra la población no musulmana estableciendo de facto un impuesto sobre el patrimonio a tipos exorbitantes para estas categorías con el fin de arruinarlas y crear en su lugar una burguesía turca y musulmana.

FUENTE: Emre Öngun / Contretemps / Traducción: viento sur / Fecha de publicación original: 27 de marzo de 2025

jueves, abril 3rd, 2025