Considerado uno de los festivales más antiguos del mundo, el Akitu nació en las fértiles tierras de Mesopotamia y ha sido celebrado por diferentes civilizaciones durante miles de años. Simbolizando la llegada de la primavera, el despertar de la naturaleza y el comienzo de un nuevo año, el festival es un símbolo de identidad cultural, especialmente para las comunidades asirias, siríacas y caldeas. ¿Cómo se originó el Akitu, cuál ha sido su trayectoria histórica y cómo se celebra hoy en día? Aquí contamos la historia de este festival único.
El nacimiento de Akitu en Mesopotamia
El origen del Festival Akitu se remonta a los sumerios, una de las civilizaciones más antiguas de la historia. Derivado del festival sumerio Zagmuk, que significa el comienzo del año, Akitu se desarrolló posteriormente en las civilizaciones acadia, babilónica y asiria, convirtiéndose en una tradición celebrada en torno al equinoccio de primavera (finales de marzo-principios de abril). El festival, que surgió en Mesopotamia en relación con el ciclo vital de las sociedades agrícolas, se organizaba para celebrar el inicio de la siembra de la cebada y la renovación de la naturaleza.
En Babilonia, Akitu era un festival de doce días que culminaba el primer día de abril. Durante este período se recitaba en los templos la epopeya del Enuma Elish de Marduk, el dios principal de Babilonia, y se restablecía el orden del universo mediante rituales. El rey se disculpaba en nombre del pueblo ante los dioses, se ofrecían oraciones en los templos y las estatuas de los dioses eran llevadas al templo de Akitu (Bit Akiti) junto al río. Estas ceremonias simbolizaban la partida de los dioses del inframundo y su regreso a la tierra con la primavera.
En Asiria, el festival se celebraba en honor a Ashur, el dios de la guerra, y las ceremonias se llevaban a cabo en “casas Akitu” especiales fuera de las murallas de la ciudad.
Transformación histórica
El festival Akitu continuó existiendo tras el colapso de las civilizaciones mesopotámicas. Las celebraciones continuaron durante el Imperio seléucida (312-63 a. C.) y el Imperio romano. Por ejemplo, el emperador romano Heliogábalo (218-222 d. C.), de origen sirio, trasladó esta festividad a Italia y organizó celebraciones en nombre del dios que llevaba su mismo nombre. Sin embargo, la expansión del cristianismo y la inestabilidad política en Mesopotamia eclipsaron la prevalencia del Akitu durante un tiempo. Sin embargo, las comunidades asirias, siríacas y caldeas no han olvidado esta antigua tradición. Como pueblos indígenas de Mesopotamia, estas comunidades mantuvieron vivo el Akitu como festival de año nuevo y primavera.
Sin embargo, en el siglo XX, la mayoría de los pueblos asirio, caldeo y siríaco se vieron obligados a huir de sus tierras, especialmente debido al Genocidio de Seyfo, en 1915, y los conflictos en Medio Oriente de los años posteriores. Esta diáspora expandió las fronteras geográficas de Akitu y le dio al espíritu de la festividad una dimensión global. En Turquía, Akitu siguió siendo una tradición celebrada discretamente por la comunidad asiria durante muchos años. A lo largo del siglo XX, no se permitió su celebración oficial por razones de “seguridad”, y la festividad a menudo se mantuvo viva en secreto en hogares o entre pequeñas comunidades.
Akitu hoy: un símbolo de unidad y esperanza
Hoy en día, el festival Akitu se celebra en todo el mundo por los pueblos asirio, caldeo y siríaco, y se conmemora en el norte y el este de Siria. Las celebraciones suelen limitarse a un solo día, a diferencia de los festivales de doce días de la antigüedad. El 1 de abril, la gente se reúne para saludar el despertar de la naturaleza. La gente se viste con ropas tradicionales, canta canciones en su lengua materna, baila y sale al campo para crear un ambiente festivo.
En algunas zonas, las mujeres confeccionan guirnaldas de flores y las cuelgan en las puertas de sus casas. Esta tradición, conocida como “Deqna Nissan” (Barba de Abril), simboliza la abundancia de la primavera. Akitu se considera una expresión de solidaridad social y esperanza. A pesar de las guerras en Medio Oriente, la celebración es una fuerza que une a los pueblos.
Celebrar libremente después de la revolución
Akitu tiene importancia religiosa y cultural en el norte y el este de Siria, especialmente en el cantón de Cizîrê, donde viven numerosos asirios y siríacos. Antes de la Revolución de Rojava, bajo el régimen del partido Baaz, la celebración de la festividad estaba estrictamente controlada y a menudo prohibida. Sin embargo, desde 2012 la Administración Autónoma (AADNES) adoptó una política de apoyo a las libertades culturales de los pueblos sirio, kurdo, árabe y otros.
Aunque las comunidades siríacas y asirias de la región se enfrentaron a la opresión y la migración a lo largo de la historia, han podido celebrar esta festividad libremente desde 2012. Gracias al énfasis de la AADNES en el multiculturalismo, Akitu ya no es una festividad asiria, ya que también se comparte con otros pueblos de la región. Comunidades vecinas como kurdos, árabes y turcomanos participan en las celebraciones y muestran su solidaridad.
La AADNES reconoce Akitu como feriado oficial. El Partido de la Unión Asiria coordina los preparativos previos. Estos incluyen la definición del calendario de eventos, la decoración de los locales y la organización de las zonas de celebración multitudinaria. Este año, Akitu se celebró el 1 de abril en las aldeas de Girşêran, en Tirbêspiyê; Werdiyat, en Til Temir; y Hekmiyê, en Dêrîk.
Celebración 6775
El festival Akitu, este año tuvo su celebración número 6775. No es solo una celebración del año nuevo, sino también un reflejo de la lucha de los pueblos asirio, caldeo y siríaco por preservar su identidad. Celebrando la resurrección de la naturaleza con la llegada de la primavera, este festival representa el deseo de paz, fertilidad y un nuevo comienzo.
Como una de las tradiciones más antiguas de la historia de la humanidad, Akitu tiene un legado que se extiende desde las antiguas tierras de Mesopotamia hasta el mundo entero. Quienes celebran Akitu cada 1 de abril repiten un mensaje de las profundidades de la historia: “La naturaleza despierta, la esperanza florece”.
FUENTE: Nujiyan Adar / ANF / Syriac Press / Edición: Kurdistán América Latina